MADRE NO HAY MAS QUE UNA - Alina
El pueblo era mínimo y desde niña,
siempre supo que tenía que salir de allí como fuera. Ponía la televisión y a
través de la pantalla descubría un mundo que no existía a su alrededor. Rodeada
de prados y vacas, su futuro pasaba por dedicarse al campo, los animales y a
los hijos, como hacía su madre y antes su abuela y su bisabuela y su
tatarabuela…generaciones y generaciones de Popescu estaban atadas a ese ciclo,
como los bueyes a la yunta. Ella no quería esa vida, cuando veía que existía
otra menos dura y más cómoda. A medida que fue creciendo constató que podía
romper corazones al ritmo de sus caderas. Con apenas trece años, era una mujer
por donde la miraras y pronto desfilaban por su casa, pretendientes de todas
las edades. Pero hasta que conoció a Gica, mantuvo las piernas cerradas y los
ojos bien abiertos. Era el único en el pueblo que compartía su deseo de dejarlo
atrás y cuando no tienes dinero, el billete a la libertad te lo tiene que dar
un sueño. Por un sueño la gente deja su patria y se mete en una lancha de goma
para cruzar un océano de miedo, por un sueño saltan vayas y caminan desiertos
enteros. Persiguiendo un bienestar que no les deja existir, porque si las
personas pudieran vivir dignamente donde nacen, la mayoría no se movería.
Unidos por ese deseo, despertó en
ellos la pasión. Los cuerpos jóvenes buscándose con el celo de las primeras
veces, explorando rincones desconocidos, dándole rienda suelta a la
imaginación, dónde sólo está prohibido aquello que uno de los dos no quiere… y
ellos lo querían todo, muchas veces con inconsciencia. Por eso no tardó nada en
quedarse embarazada y como la necesidad obliga tuvieron que meterse en casa de
su abuela, con sus padres y hermanos. Sin embargo, los sueños no se cumplen
cuando uno lo desea y por mucho que lo desearon, pasaron doce años viviendo
allí, desde que nació Velkan, hasta que Gica y Alina pudieron dejar atrás el
pueblo.
Muchas de las chicas del pueblo, entre
otras su prima Nicoleta, habían ido a España. La razón era sencilla, la
televisión pública emitió durante años culebrones subtitulados y a muchas
personas el castellano les resultaba familiar. Era un destino ideal, buena
temperatura, gente abierta, un viaje relativamente barato, la posibilidad de
volver a casa si las cosas no salían. Además, si ellos habían tenido una
dictadura militar más de treinta años, los españoles tuvieron otra casi
cuarenta y una vez que se desprendieron del lastre que dejó el franquismo el
país había despegado como un avión, cosa que en Rumania no pasaba. Las primeras
chicas entraron a trabajar como asistentas, en cooperativas agrarias, en
fábricas…pero rápidamente los más avispados se dieron cuenta de que eran en
general mujeres muy guapas y que, aunque traían costumbres arcaicas, muy
vinculadas a la religión y a supersticiones, cuando vieron que hacían estragos
entre la población autóctona masculina, dejaron caer el velo. Muchas de estas
chicas, terminaron alternando en locales y pronto se produjo el efecto llamada,
en el que desgraciadamente se perdió la libertad de movimiento cuando las
mafias se dieron cuenta del filón. Así mareas de chiquillas de pueblo de los
países del este, inundaron los burdeles españoles.
Los inicios de la mano de Nicoleta,
aunque prometedores, rozaban un régimen de esclavitud. Le consiguió trabajo de
asistenta con una familia bien…A las clases altas, les gustaba eso de tener
servicio como a la vieja usanza. Con uniforme y cofia, viviendo en la casa,
para poder disponer de ellos a tiempo completo. Así se encargaban de limpiar,
hacer los recados, los niños y estar ojo avizor para que el señor de la casa no
se les echase encima al darse la vuelta la mujer. Aquellos novecientos euros le
parecieron al principio una pequeña fortuna, pero la realidad es que le daba
para cubrir el día a día y el cuarto en un piso compartido en el que tenían que
meterse Gica y su hijo, y ella el único día que libraba. Cuando lo comprendieron,
volvieron a soñar juntos y cruzaron los dedos para no tener que esperar doce
años.
Todo pasaba por que su marido
encontrara trabajo. Les pidió a los señores de la casa que lo recomendaran
entre los amigos, él fue a todas las ETT’s que pudo, se pateó los “caladeros”
de inmigrantes ilegales dispuestos a trabajar de sol a sol por la mitad que un
español y en negro por su puesto…y lo único que encontró fue a Petrus, un
macarra de medio pelo que en su país dejó mujer y cuatro hijos y se fue a
España para volver a ser soltero. Lo único cierto es que medio cumplía con la
familia porque les mandaba dinero, principalmente para que a su mujer no se le
ocurriese venirse también. Un par de veces cada año viajaba allí, veía a los
críos, les llevaba regalos, les contaba que no podían reagruparse aún, echaba
dos polvos con la perpetua y se volvía a seguir haciendo su vida, aunque no se
volvía de vacío...era lo más parecido a un camión, tenía que aprovechar el
porte de vuelta y no traerse la caja vacía.
No se lo montó mal. Al principio, para
mantener el nivel de vida que le gustaba, trabajaba en lo que le salía mañana,
tarde y noche. Luego se convirtió en captador, cuando viajaba a ver a su
familia, visitaba poblaciones pequeñas y localizaba chicas jóvenes a las que
engatusaba con el sueño de una vida mejor, les daba el teléfono de otras
chavalas para que pidieran referencias…a veces las propias putas desde España
se encargaban de liar a las amigas de la infancia para que se vinieran y el
sólo iba a hacer la recogida y la entrega. Llegaba con regalos para su familia
y se volvía con diez, doce, a veces incluso veinte, chicas a España. Algunas
sabiendo a lo que venían y otras completamente engañadas. El desembarco era
duro. Lo primero que había era que violarlas para que se les fuesen los
complejos, el asco y sobre todo la esperanza. Luego las ponían bien de farlopa.
Cuando estaban acostumbradas a trabajar drogadas, entonces se la vendía. Así
tenia doble fuente de ingresos.
Poco a poco, amplió el negocio y
necesitaba mano de obra. Ahí fue cuando entró Gica en escena, un muerto de
hambre que quería prosperar y que se había venido a España con mujer e hijo. Si
hubiese sido listo habría dejado al crío en Rumanía y habría puesto a su mujer
a trabajar para la organización, era de las más guapas. Les habría hecho ganar
mucho dinero, pero por desgracia el imbécil estaba enamorado. Fueron ampliando
el negocio, ya tenían dos chicas haciendo captación en origen y otras dos en
destino organizando los viajes y la logística. Eso les permitió entrar también
no sólo en el transporte, sino en la explotación del producto, mediante venta o
alquiler. Había sitios que literalmente compraban a las meretrices y otros que
preferían alquilarlas y así tener rotación. Con la droga pasó lo mismo, dejaron
el menudeo y empezaron a contratar partidas mayores. Luego la cortaban ellos
mismos, doblando las cantidades y lo que no vendían a putas y clientes, lo
colocaban directamente en la calle en coalición con senegaleses. Esas
relaciones siempre les permitían abrir nuevos negocios: ropa falsificada,
contrato de trabajos y papeles para residencia, extorsión…no le hacían ascos a
nada y el dinero entraba a raudales. El problema es que a veces los intereses
comerciales chocan y en las cloacas los conflictos de competencia se resuelven
por las bravas. Así terminó Gica con dos tiros por la espalda y descuartizado
dentro de un coche abandonado. Lo primero en que pensó Petrus al verlo tirado
en el suelo muerto, fue en Alina. Le jodía los aires de superioridad que se
daba, como lo miraba por encima del hombro. Ahora que no tenía hombre, ni
dinero, a ver si también le dada la espalda. Para quitárselo de encima, ella supo
que tenía que marcharse de allí. Cada día se lo cruzaba, al principio medio
cariñoso, le traía regalos a Velkan, le mandaba compras a casa para que no les
faltase de nada, pero al final la concupiscencia de sus ojos lo traicionaba y
sabía que más temprano que tarde pasaría a cobrarse la factura. Antes de que
sucediese, se marchó con lo puesto.
Llegaron a una ciudad del sur, un
viaje en turista de cinco horas, observando por la ventana como el paisaje era
seccionado por las vías. El traqueteo del vagón los adormecía y ella soñaba que
encontraba su sitio en el mundo. Ahora sin Gica iba a ser todo más difícil, se
sentía muy indefensa, ya no tenía con quien compartir esos anhelos. Llegaron de
noche y se quedaron en la propia estación a dormir en los bancos. Era la
primera vez en su vida que tenía que pasar la noche al raso y encima con un
niño de doce años y una maleta sujeta a su brazo para que no se la robaran. Se
acordó de los días donde tumbada sobre la hierba húmeda, miraba las estrellas y
deseaba transportarse a otro lugar y se echó a llorar – señor ayúdame - rezó
para dentro. Por la mañana, un viandante
les indicó donde había una parroquia de Cáritas. Había visto en televisión que
la iglesia ayudaba a gente como ella, incluso les encontraba casa y trabajo.
Ella era ortodoxa, pero si tenía que hacerse pasar por una ferviente católica
lo haría. Efectivamente encontraron a personas amables intentando ayudar, pero
cuando se tienen pocos medios y mucha demanda, los milagros no existen…ni si
quiera dentro de un Iglesia. No había plazas disponibles en ninguna parte y
ella no tenía dinero, apenas veinte euros. Compró pan y mortadela en un
supermercado y sentados en una plaza, se comieron el bocadillo mirando callados
a los niños jugando. Cuando aquellos críos terminaran de divertirse, volverían
a sus casas, podrían lavarse, cenar y dormir en una cama. Miró a su hijo con
los ojos enrojecidos y Velkan acertó a decir – tranquila mamá, si estamos
juntos, nada puede pasar, todo se va a arreglar – que inocente es la
inconsciencia. Así estuvieron unos días y uno de los voluntarios de Caritas,
por ayudarlos terminó separándolos. Una trabajadora social del ayuntamiento,
ingresó al crio en un centro tutelado de menores, con el beneplácito de Alina,
que así al menos se quitaba la sensación de que su hijo estuviera viviendo como
un sin techo. La separación fue horrible, los dos lloraban y se juraban que
todo cambiaria, y no mintieron las cosas iban a cambiar mucho.
Alina recorrió todos los lugares que
se le ocurrió para encontrar un empleo. Paso por empresas de trabajo temporal,
busco carteles por los edificios de esos que a veces piden personas para cuidar
ancianos o niños, habló con los voluntarios de Caritas de todas las parroquias
de la ciudad, entró a las tiendas ofreciendo la posibilidad de trabajar en
negro, a jornada partida, como hiciera falta, cuando hiciera falta, de lo que
hiciera falta. No encontró nada. Hablaba mal español, no tenía experiencia, no
tenía estudios, no tenía referencias. La cuesta se hizo cada vez más empinada.
Se tragó el orgullo y empezó a pedir. Pero no sabía que hasta para mendigar hay
que estar sindicado y se encontró que para ocupar los sitios buenos tenía que
pagar…así que terminó humillada, y pidiendo por la calle arrastrando su maleta.
Era chocante ver una mujer tan joven y tan guapa, deambulando así. Pronto los
buitres la localizaron y una noche intentaron violarla entre dos. Estaban tan
colocados que pudo salir corriendo, dejando para su desgracia, su maleta atrás.
Ya no le quedaba nada. Acurrucada en un cajero, paso el resto de la noche
rezando y llorando. No sabía qué hacer y en ese momento vio pasar con andares
indecisos a una chica apoyada en un travesti. Por las horas y las pintas,
volvía de hacer la calle. La chavala iba evidentemente drogada, por eso se
colgaba del travelo, que amablemente la ayudaba a no estrellarse con las
plataformas y la falda de tubo. Por razones que no se llegan a entender, salió
detrás de ellos, siguiéndolos a cierta distancia. Pararon frente a un portal
cochambroso, en un edificio del casco antiguo, un sitio inmundo en el que salvo
indigentes, putas y gente de mal vivir, no podía habitar nadie. Antes de que se
cerrase el portón, Alina los llamó y el travelo chilló histérico – hay puta,
que susto me has dado – les contó balbuceando y chapurreando un castellano
plagado de mocos y suspiros, su historia y les pidió cuartelillo. La chica, que
no podía ni hablar, le hizo una señal con la mano para que los acompañase. Y
así, sin pena ni gloria, terminó en el mundo más oscuro en el que se puede
entrar. Es difícil que no se tambaleen tus principios, cuando estas al borde
del abismo…y es que “el que anda con un cojo, si al año no cojea, renquea”. Y
eso pasó, al par de días de quedarse en casa, sus nuevas amigas le sugirieron
que la acompañaran a hacer la calle. Ellas iban por libre, sin chulos. Se
ponían detrás de un Carrefour, en una zona retirada de miradas indiscretas,
donde los coches podían parar y aparcar ahí mismo para rematar la faena. Era
mejor el coche y no irse con nadie, era más seguro. El primer día fue a mirar.
Cuando terminó la noche entendió que Svetlana se metiese todo lo que
pillase...como para no hacerlo. Viejos, estudiantes borrachos, inmigrantes
ilegales, camellos de barrio… lo mejor de cada casa, pasaba cada día a negociar
las tarifas. Aunque había un precio establecido por servicio, la competencia
feroz hizo que solo las jóvenes y las que eran nuevas pudieran pedir realmente
lo pactado, incluso más. Para el resto, era una cuestión de puro regateo, donde
cualquier cosa que te pidiesen se valoran, y luego en el tira y afloja, quedaba
la cosa con descuentos hasta del 50%...y ya de madrugada, cuando las perseguía
el sol, el precio lo marcaba el cliente…por lo que ofreciese.
Era un quince de diciembre, jamás lo
olvidaría, cuando después de entrar en el coche de aquel viejo sucio y
asqueroso, se fumó el primer chino para quitarse de la boca sabores que nunca
la abandonarían. A partir de ese
instante, trabajaba para pagar el cuarto y para pillar. Era un círculo vicioso
inacabable. Cada noche, Marny, que era el nombre de guerra de Francisco Javier,
arrastraba a Svetlana y a Alina a la casa. De las tres, el travesti era el
único que no tomaba nada, decía que no le hacía falta ninguna, que bastante
tenía con ganarse la vida poniendo el culo y haciendo mamadas por cinco euros,
para trabajar además para un camello. Y tenía razón. Los días que Alina no
tenía bastante dinero, terminaba pagando la droga con su cuerpo y en modo “todo
incluido”, lo que le quisieran hacer. Pronto hubo un punto en el que vivía sólo
el instante, ni se acordaba de Gica, ni de su hijo, ni de Rumanía, ni de nada
que no fuera la próxima dosis. Cuando la asaltaron los compañeros de Velkan del
centro de menores, llevaba dos días pinchándose caballo, y en el suelo
golpeada, violada, humillada, ni siquiera tenía energía para quejarse. Estaba
en otra dimensión hasta el punto de que cuando la recogió su hijo del suelo, no
sabía si estaba en el limbo yoqui o si era verdad.
Despertó dentro de una casa. Nunca
había estado allí antes. Tuvo que salir corriendo, buscando un baño, porque le
entraron unas ganas locas de vomitar. Aun no tenía claro si era el mono o que
de toda la mierda que se había bebido, esnifado, fumado y pinchado, algo le
había sentado mal…se sentó sudando en la taza del wáter y escucho a su hijo
hablando. Así que era cierto, fue Velkan quien la encontró. Trato de sonreír al
salir a buscarlo, pero se chocó de bruces con Yuri y se echó a temblar. Era
otro como Petrus, casi que peor porque no estaba tan bien situado en la cadena.
Era un chulo que se ponía por la zona a vigilar sus inversiones, y que le había
propuesto muchas veces darle protección. Y ahora estaba metida en su casa y con
su hijo
-Alina, siéntate.
-No hace falta, estoy bien de pie
-Siéntate he dicho. Llevas dos días
haciendo la calle sin parar de meterte, no quiero que te caigas y te abras la
cabeza…Tu hijo, me ha contado vuestra historia y quiere que os ayude. Si
quieres, te puedo ayudar.
-¿A que me vas a ayudar, te vas a follar
tu a los moros por veinte euros y me vas a dar la mitad a mí?
-Cállate y escucha. Y tenme más
respeto si no quieres que terminemos de hablar y te tire de nuevo a la calle.
Velkan quiere que dejes de meterte mierda y dejes de hacer la calle. El chico
no sabía nada de ti desde hace meses y se ha encontrado con esto. Deberías
haberlo dejado en Rumania, pero eso ya es otra historia. Puedo meterte en un
negocio bueno…
-¿No querrás mandarme a Colombia a por
farlopa haciendo de mula, para terminar detenida en Bogotá?
-¡Que te calles hostias!!!...Estamos
ocupando pisos con vecinos. Antes, nos metíamos en pisos vacíos, pero era para
vivir. Ahora hemos descubierto las ocupaciones exprés, entramos en casas
habitadas cuando sus dueños se marchan a trabajar. Al volver se encuentran que
no tienen nada: ni ropa, ni documentos, nada…la idea es dejarlos unos días
tirados y luego les pedimos diez, quince mil euros…al final se negocia la
salida y de lo que se saque para vosotros es un 20%.
-¿Y ya está?
-Ya está. Te metes en la casa unos días,
aprovechas para descansar y desengancharte y cuando salgas de esa, te buscamos
otra y seguimos así.
-¿Hasta cuándo?
-¿Hasta cuándo qué?
-Hasta cuando tengo que entrar en casas
de personas que tienen sus vidas, para arruinárselas
-Hasta que hayas ahorrado lo suficiente
para no ser una yonky asquerosas, una puta arrastrada y poderle dar a tu hijo
un futuro.
-Quiero que me digas hasta cuando,
quiero saber que no me vas a pedir que me acueste con nadie, que podemos irnos
cuando queramos
-Alina, esto no es un contrato. No se
pacta con el diablo, sin que te cueste el alma. Decide si te vas a tomar por
culo ahora mismo ó te vienes esta tarde y tu hijo y tú, dormís en una cama.
A las ocho y algo, salieron hacia la
casa del hijo de Marta.
Comentarios
Publicar un comentario