ESTADO DE ALARMA. Cincuenta días después.
Ya había salido a la calle antes, pero para nada que realmente le interesase. Había tenido que ir a comprar y también había tenido que ir a recoger los papeles del despido. Podía comprender la situación, como no, pero le pareció macabro que mientras que le daban la patada en el culo, su jefe tuviese un presupuesto sobre la mesa para cambiar el coche de la mujer y además, medio le sugiriera que por lo que cobraba él, podía coger a tres después de la crisis. Estuvo feo, pero ser un patán no está reñido con ser el propietario de la empresa, lamentablemente va muchas veces unido. Recogió los documentos y se despidió con la voz temblorosa de los que se quedaban, y que no necesariamente sobrevivirían, aunque eso ya le importaba un bledo. Tenía la suficiente experiencia como para saber que no dejaba amigos dentro de aquellos despachos, algún compañero con el que se llevaba bien y que cuatro llamadas después pasaría página. Así que él, la pasó directamente. Le costó dormirse y le costó d...