ESTADO DE ALARMA. Dar la talla
Cuando empezó a echarlo de menos tanto que casi le dolía, subió a la terraza. Desde ahí podía estar un poco más cerca del cielo. Tuvo que recordarse porque le gustaba tanto, porque obviamente no era lo mismo. Doscientos metros de perímetro intentando no dar con la cabeza contras las cuerdas de los tendederos y esquivando sábanas tendidas. Prefirió andar, hubiera sido un sacrilegio intentar correr en ese espacio y a esas alturas del confinamiento. Pero andar rápido ya era algo, era mucho. Como tenía por costumbre, conectó el GPS y midió la distancia y el tiempo, y descubrió con estupor que a medida que pasaban los días las medias de ese año iban quedando completamente destrozadas, diluidas las carreras del inicio del año entre paseos matutinos. Hasta aquel viernes de mediados de marzo que le prohibieron hacerlo, tenía una cantidad bastante decente de kilómetros acumulados y de tiempos. Esas son las dos magnitudes de cualquier corredor, cuán lejos llegas y cuán rápido lo haces…luego e...