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Mostrando entradas de junio, 2020

MADRE NO HAY MAS QUE UNA - La ocupación

Había dejado a su madre cenando para volver a su casa antes de que empezara el fútbol. La quería, sin duda, pero no la aguantaba. Desde que se quedó viuda, se había ido encerrando entre las cuatro paredes de la casa y vivía como una eremita, sin salir prácticamente para nada. El mundo cabía dentro de aquel piso que custodiaba recuerdos de otra vida de la que su padre y él mismo formaban parte. Era una persona culta e inteligente, pero aquel aislamiento estaba menoscabando sus capacidades, restando cualquier atisbo de la mente ágil y cultivada que un día fue. Precisamente por eso no la soportaba, donde antes había conversación y debate, ahora sólo encontraba asentimientos de cabeza y despistes. Le costó independizarse y salir de casa, porque de algún modo sentía que la dejaba sola, y aunque ella se esforzaba en animarlo a dar el paso y vivir su vida, en el fondo sabía que cada uno que daba hacia delante, eran dos hacia atrás para ella. A pesar de eso, con treinta y cinco años, ya ...

ESTADO DE ALARMA. Dieciocho meses y un día

Sentado dentro del coche apoyó la cabeza sobre el volante mientras trataba de relajar la respiración y dejar de sudar. Sentía deslizarse a lo largo de su espalda, un reguero húmedo que moría en la rabadilla. Menos mal que había tenido la precaución de ponerse camisa blanca y pantalón oscuro, así disimularía aquellas manchas incómodas. Mientras inspiraba profundamente intentando que el aire llegase hasta el diafragma, repasaba mentalmente lo que iba a decir. Sabía que si repetía una y mil veces el argumento, al final sonaría natural. Necesitaba aquel trabajo, pero tampoco era cuestión de machacarse con el mantra, porque el exceso de presión no lo iba a ayudar. Abrió la portezuela, se estiró los pantalones y se ajustó la americana… valor y al toro – se dijo, tratando de sonreír sin que pareciese una mueca. *** Cincuenta y alguno, hijos adolescentes y año largo en el paro. Al principio los días fueron pasando con cierta normalidad. Intentaba que no se le notase la preocupació...

ESTADO DE ALARMA. Adela y María

A lo lejos, oyó las campanas de la Iglesia. Estaban tocando a muerto. Con la siesta que se había pegado Adela, lo mismo estaban repicando por ella. Después de recoger la fregaza y mientras Antonio hacía que veía el Tour en la tele pegando cabezadas, ella se había sentado al borde de su cama, con cuidado de no desformar el colchón y había descolgado el teléfono de góndola para hablar con su hermana antes de echarse un rato. Después de no hablarse durante años por la herencia familiar, estaban retomando relaciones. Se debía tener el corazón de piedra para no hacerlo, porque su María volvió al pueblo viuda y muy enferma. Su marido trabajaba en una fábrica de amianto y entonces no se sabía lo malo que era aquello. Durante media vida estuvo inhalando aquel veneno, estuvo llevándoselo a su casa en la ropa y lo estuvo compartiendo con su mujer, hasta que no puedo más. Entonces su nena vendió la casa, recogió los cuatro álbumes de fotos y se volvió al pueblo a vivir donde su madre. Cuand...