MADRE NO HAY MAS QUE UNA - La ocupación
Había dejado a su madre cenando para volver a su casa antes de que empezara el fútbol. La quería, sin duda, pero no la aguantaba. Desde que se quedó viuda, se había ido encerrando entre las cuatro paredes de la casa y vivía como una eremita, sin salir prácticamente para nada. El mundo cabía dentro de aquel piso que custodiaba recuerdos de otra vida de la que su padre y él mismo formaban parte. Era una persona culta e inteligente, pero aquel aislamiento estaba menoscabando sus capacidades, restando cualquier atisbo de la mente ágil y cultivada que un día fue. Precisamente por eso no la soportaba, donde antes había conversación y debate, ahora sólo encontraba asentimientos de cabeza y despistes. Le costó independizarse y salir de casa, porque de algún modo sentía que la dejaba sola, y aunque ella se esforzaba en animarlo a dar el paso y vivir su vida, en el fondo sabía que cada uno que daba hacia delante, eran dos hacia atrás para ella. A pesar de eso, con treinta y cinco años, ya ...