ESTADO DE ALARMA.Quince días prorrogables
Todo
iba ralentizándose, cada vez a cámara más lenta. Después de quince días
encerrados, lo único que iba rápido era el tamaño de su barriga. Le gustaba
hacerse la prueba del pliegue cada vez que se sentaba en el WC, que era a
menudo porque hacía años que su mujer lo había convencido de que era más limpio
mear sentado. De todas las locuras que le había sugerido, esa y pasar
religiosamente por el bidet cada vez que, hacia aguas mayores, eran parte de su
credo. Así pues, varias veces al día, se sujetaba el estómago con una mano.
Como en el dicho “todo lo que la mano no cubre, no es teta sino ubre”,
el sabía que si su zarpa tenía dificultades para abarcar toda la extensión de
su panza, la cosa se iba de las manos, nunca mejor dicho. Al verificar que aún
podía recoger la adiposidad en su totalidad, procedía a coger las lorzas
individualmente, entre el índice y el pulgar. Así medía el grosor exacto. Una
vez efectuadas estas verificaciones, se decía así mismo: “aún no está la
cosa perdida. Una vez que pueda correr, esto se va en dos días. Tampoco estoy
comiendo tanto… pero el problema es que no lo quemo. Esta todo el mundo con las
chorradas de sus entrenamientos indoor y la mayoría no valen para nada. Y los
que valen, tienen un casoplón donde hay aparatos, cintas para correr,
bicicletas de spinning. ¿Vas a sustituir una hora corriendo a todo lo que da la
mecha, por tandas de saltitos en el balcón? Y eso si no sube el vecino y te
larga una hostia por joderle la siesta, con música y brincos”.
Había
montado una rutina y la seguía a rajatabla. Se levantaba entre las ocho y las
ocho y media, desayunaba dos tostadas de pan integral con tomate restregao,
aceite y sal. Y café con leche de soja. Punto. Recogía la casa: aspirador,
polvo (del de limpiar, del otro andaba la cosa también en cuarentena), preparar
comida, poner lavadora, leer, tender lavadora, corregir comida de sal, leer,
mirar RRSS, seguir leyendo, poner la mesa, encender la TV: no sé cuántos
infectados y muertos en su pueblo, su ciudad, su país, su continente, su
mundo...indiferencia. Después de dos semanas, los números, sólo son números.
Hora de la comida. Poner la mesa. Comer. Recoger. Siesta al tran tran no consigo
dormir en condiciones. Un té largo de agua y sin edulcorantes. Sólo son las
siete, estudio un rato. Hora de cenar, preparo la cena. Es martes, no toca
cerveza, “a ver si llega el jueves y me la abro”. Examino existencias.
Me gusta apurar bien las compras, así que hay días de comer plátanos negros,
tomates blandos, lechuga pocha…es lo que hay. Pongo una película, pero no la
veo, la oigo de fondo mientras que miro RRSS. “¿Nos acostamos?”
Pregunto. “Acuéstate tú”, me contesta. “Otro día sin follar”, me
digo. Tampoco es que tenga muchas ganas, pero no quiero parecer un puto abuelo.
Hay que hacerlo con regularidad, como el que va al gimnasio. Al menos que nos
quede eso. Mañana hay que ir a comprar, a lo mejor quiere ir ella y que le dé
el aire, está insoportable. La casa se le cae encima, siempre ha sido muy
callejera y este encierro la carcome. Voy a ponerme la radio con cascos que no
quiero bulla luego… si es que no hay nada. “Estoy del virus, el contagio y
los muertos hasta los cojones. Y encima ahora, viene la ampliación del encierro
quince días más, el problema económico mundial…como si yo no supiera lo que
tengo ¡encima! Me han puesto en la calle. El gordo, neurasténico, putero y cocainómano
que me contrató en su día, dándome abrazos y confiándome la expansión del
negocio, me ha cortado la cabeza. Ha dejado los cuatro que le salen baratos y
me ha largado, por baja producción dice la carta. ¡Baja producción!, baja
producción la suya que no hace nada en todo el puto día. Bueno sí, pensar en
que se va a comprar él y la golfa de su mujer, con el dinero que otros le
hacemos ganar. No es temporal, es follada vitalicia. Antes del día del juicio
final, teníamos un 15% de paro y cuando esto vuelva a su “normalizarse”, va a
estar en el doble. Con salarios pésimos y contratos temporales. A ver quien va
a querer pagar lo que valgo. Mejor no lo pienso…lo que si pienso es lo que me
gustaría que el bicho se llevara por delante al cacique, a su mujer y a sus
hijos también, ¿por qué no?, son futuros caciques como su papá. Que se vayan a
la mierda.”
Son
las cinco y media... “Si por mi fuera le decía de echar un polvo, pero es
que me va a pegar un grito. Mejor me pongo de lado y enciendo otra vez la radio”.
Están reponiendo un programa de deportes, donde no hablan de deportes. Hablan
de los problemas del bicho en no sé qué club. Que se ha cepillado al presidente
del otro. Que si la federación de pingpong quiere que el gobierno le adelante
una subvención a fondo perdido…claro como no hay competiciones, no hay de que
hablar. Voy a echar un vistazo a Twitter… Es que me dan ganas de decir de
verdad lo que pienso: “la tonta del nabo haciéndose la foto de perfil frente
al espejo y presumiendo de lo que sea que crea que es para presumir culo,
tetas, abdominales…el deportista frustrado enseñándonos como entrena con una
botella de litro y medio de agua, una toalla sucia en el suelo y la comba de
Dora Exploradora de su hija…los del club de running comiéndose el cráneo entre
ellos: ¿por qué no proponemos el Kitchen Challenge?...consiste en correr un
Medio Maratón, dentro de la cocina de tu casa, dándole vueltas a la mesa. Uy,
que bien, chupi…animan el resto de los frikis del mismo grupo… y donamos cada
kilómetro en botes de garbanzos para investigación contra el coronavirus, ¿que
os parece? ...Dios, madre mía, que ideaza, estoy super-mega de acuerdo…y que me
dices de las superfamilias con ínfulas de influencers?. Hay una, que es para
sacarlos del país…el papá deportista triunfador católico practicante. Tiene
seis hijos y todos se llevan chupiguay. No hay conflictos en su casa, porque
son perfectos. Ni el hijo mayor echa de menos a la novia (seguramente porque
los ultracatólicos no se meten mano) ni está encerrado en su habitación,
peleado con el mundo. Tampoco el pequeño está muerto de asco porque no le hacen
caso los adultos, ni las dos mellizas se sacan los ojos para jugar a la
consola. Nada, una balsa de aceite bien lubricada por los vídeos infumables de
papá Pitufo y la Pitufina (que como buena hembra kika, está en un evidente
segundo plano…aplíquese también a las del Opus) contando lo bien que lo llevan
en su guarida y todos los planes que tienen: ver Sonrisas y Lágrimas en Inglés,
hacer tarta de chocolate, aprender a tocar La Bamba en la guitarra, una tarde
de cine mudo que le encanta a Piyitite (los niños bien siempre tienen un
sobrenombre raro, no son nunca el Antonio o la Mari)”… “Voy a cortar el
Twitter que me va a dar algo”, pienso. Pues me levanto y me pongo una
serie. Es que no tengo ganas que se me hace el día largo. Me asomo a la
ventana. No veo nada, ni ha amanecido ni hay mucho que ver. “¿Y si la
despierto y le digo de echar un polvo? Para que”. Voy al baño. “Me
parece que me puedo seguir cogiéndome la panza entera, la verdad. A ver, así en
el espejo no parece que tenga más que hace dos semanas. Hombre algo más tendré,
me estoy moviendo menos. Es la grasa de abajo, la de arriba esta bien, tengo un
poco más de pliegue en la de abajo. Esa es jodida de perder, es la jodida de
verdad. Bueno, hoy es miércoles. El día del espectador. Igual esta noche me
pongo una película y me abro una cerveza, aunque no sea jueves, tampoco pasa
nada. Ya no soy un crío, si quiero me la abro y punto. Y con un bocadillo que
me voy a hacer. Me lo haré de jamón serrano, que no engorda” …abro la ducha
y enciendo la radio. Suena Julio:
“Siempre hay por quien vivir y a quien
amar
Siempre hay por qué vivir, por qué luchar
Al final las obras quedan las gentes se
van
Otros que vienen las continuaran…la vida
sigue igual”
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